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JUSTO ZACARIAS IRÚN Y SU DUDOSA LEALTAD AL PARTIDO COLORADO

Política

El escenario político en Ciudad del Este ha entrado en una fase de máxima tensión, donde la incertidumbre en las bases de la Asociación Nacional Republicana (ANR) ya no es un simple rumor: es una crisis de lealtad provocada por la alarmante ambigüedad de uno de sus principales referentes regionales, Justo Aricio Zacarías Irún.

En un partido con más de 2.000.000 de afiliados, la disciplina y el respaldo irrestricto a la Lista 1 han sido las claves de su hegemonía.

Sin embargo, el director general paraguayo de Itaipú Binacional parece estar jugando su propio partido, sembrando una profunda desorientación en la militancia colorada.

Zacarías Irún fue colocado en la cima de la administración de la hidroeléctrica con el claro mandato político de 1)- administrar con sabiduría la usina, y; 2)- consolidar la estructura republicana y garantizar la cohesión interna.

Lejos de cumplir con este compromiso, su postura actual se percibe como una preocupante claudicación.

A un poco más de un par de semanas de las elecciones, continúa sin mostrar una militancia activa ni un respaldo contundente hacia el candidato oficial de la ANR en CDE, Rigoberto Chamorro, un joven de conducta intachable.

Mientras el movimiento Yo Creo busca retener el poder de la mano de Daniel Pereira Mujica, los recurrentes guiños y la pasividad del director de Itaipú alimentan la sospecha de una entrega pactada del territorio.

La pregunta que resuena con fuerza entre los presidentes de seccionales es directa y punzante: ¿No está Justo Zacarías Irún «farreando» y haciéndole pito catalán al Partido Colorado y al propio gobierno nacional?

Engañar a la cúpula partidaria en Asunción simulando unidad, mientras en el territorio se cruzan de brazos, es la antesala de una traición que no pocos colorados esteños ya están considerando, dispuestos a lanzarse a los brazos de un modelo municipal severamente cuestionado por la justicia con tal de pasar facturas internas.

La reacción implacable de la Junta de Gobierno

Ante esta amenaza, la Junta de Gobierno de la ANR, bajo la conducción de su presidente Horacio Cartes, ha encendido las alarmas y activado un riguroso operativo político desde Asunción para neutralizar la fuga de votos.

La directriz central es tajante: no hay margen para agendas personales. Se ha ordenado una conminación perentoria al «Abrazo Republicano» forzoso, notificando a quienes perdieron la interna que cualquier boicot pasivo será calificado como una afrenta directa a la conducción nacional.

Como respuesta a las vacilaciones de los barones tradicionales, Asunción ha trasladado el peso de la campaña hacia los liderazgos departamentales emergentes.

El gobernador de Alto Paraná, César «Landy» Torres, ha recibido el respaldo absoluto de la Junta de Gobierno para convertirse en el verdadero general de la campaña en el este, subordinando toda la infraestructura logística para asegurar el triunfo.

Asimismo, para frenar los coqueteos soterrados con la oposición esteña, la cúpula partidaria ha prohibido terminantemente cualquier debate o posicionamiento prematuro con miras a las elecciones presidenciales del 2028.

El mandato unificado es enfático: la prioridad absoluta y única es la Lista 1.

Desde Asunción se monitorea minuto a minuto el comportamiento de quienes administran la billetera pública de Itaipú, dejando en claro que el poder otorgado en los altos cargos del Estado conlleva la contraprestación de una lealtad total. En este tramo decisivo, la jefatura partidaria busca asfixiar cualquier intento de traición local mediante una fiscalización implacable.

Fuente: Efraín Martínez Cuevas, Escritor y periodista

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