Entre las cosas que más anhela el flamante primer cardenal paraguayo se encuentra que aparezca un milagro, atribuido a la beata María Felicia, de manera a que se inicie su proceso de canonización.

Ya con el birrete y el anillo cardenalicio, monseñor Adalberto Martínez Flores tiene la intención de visitar el Dicasterio de la Causa de los Santos, en el Vaticano, como parte del anhelo que abriga de que la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, mejor conocida como Chiquitunga, pueda ser ascendida a los altares de la santidad.

“Probablemente voy a ir al Dicasterio de la Causa de los Santos y tenemos la esperanza de que va a aparecer o surgir algún milagro para que se inicie el proceso de canonización y que ella pueda acceder a la santidad”, expresó el arzobispo metropolitano hace unos días mientras se colocaba la casulla roja para oficiar una misa en una parroquia de barrio en Lambaré.

“Bellísimo es”, suscribió al hojear las páginas de un libro sobre Chiquitunga –que tenía a mano– y que fuera escrito por el padre José Félix Barco, quien rescató las memorias de la beata en los años 90.

A la pregunta de si tuvo ocasión de leer todas las obras publicadas sobre Chiquitunga, señaló: “Yo viví en tierras donde ella nació, en la catedral donde se bautizó, donde hizo la primera comunión, su confirmación y allá (en Villarrica) se siente mucho su presencia”.

Monseñor Adalberto se declara fiel devoto de la primera beata paraguaya y tuvo oportunidad, siendo obispo titular de la Diócesis de Villarrica del Espíritu Santo, de respirar entre la gente del lugar el legado que dejó la beata.

“Yo siempre hablo de ella y también en las confirmaciones. Realmente, ella podría ser la próxima patrona de los jóvenes en Paraguay”, auguró el prelado, a casi una semana de ser consagrado como el primer cardenal del Paraguay.

con poder de voto. Monseñor Adalberto partirá hoy por la tarde desde el Aeropuerto Silvio Pettirossi rumbo a Roma para participar del acto consistorio. Él junto a otros 20 nuevos cardenales serán ungidos por el papa Francisco como purpurados.

De los 16 iniciados en el Colegio Cardenalicio –el arzobispo paraguayo, entre ellos– son menores de 80 años de edad. Esta condición los habilita como electores en un eventual cónclave para elegir al Sumo Pontífice que sucederá –más adelante– a Francisco. Esta es la octava creación de cardenales por parte del Santo Padre. Actualmente, el colegio está formado por 208 cardenales, de los cuales 117 son electores y 91 no electores. A partir del próximo sábado 27 de agosto la composición será de 229 cardenales, de los cuales 132 son electores.

enfoque pastoral. El arzobispo metropolitano estará de regreso al país, el próximo 1 de setiembre.

Para entonces, ya con la investidura de cardenal, comentó que seguirá poniendo empeño y atención a la puesta en marcha de las orientaciones que compartiera en su carta pastoral titulada Una Iglesia en salida, misionera para la vida plena de nuestro pueblo, en Jesucristo.

“Desarrollaré el itinerario que ya he propuesto en la carta pastoral que hemos publicado como arzobispo. En cuanto a la vida del país, nuestro empeño será siempre buscar la concordia, mediante el diálogo social, para que el bien común impere”, afirmó al añadir que continuará fiel a su estilo sinodal: “Escucharnos y caminar juntos como iglesia y como sociedad”.

Para el efecto, dijo que trabajará en comunión con los obispos de la Conferencia Episcopal, con el clero arquidiocesano y nacional, con los religiosos y religiosas, laicos y con todo el pueblo católico y de otras confesiones.

“La investidura de cardenal, además de mi función como arzobispo metropolitano, que implica ser cabeza de la Provincia Eclesiástica del Paraguay, se constituye en una gran responsabilidad frente a la Iglesia y al país”, manifestó.

Fuente:UH