En la madrugada del 2 y 3 de febrero de 1989, varios tanques que circulaban por las calles de la capital preanunciaban el hecho que se volvería el inicio de una nueva historia para el país, el derrocamiento de la dictadura stronista, después de 35 años de permanecer en el poder, y el inicio del largo y difícil proceso de transición democrática.
Fueron 37 años de marchas y contramarchas, avances y retrocesos, pero con una conclusión contundente, el proceso democrático fue ininterrumpido, convirtiéndose en el tiempo más largo de democracia que ha vivido el Paraguay en toda su historia.
Los amagues de retroceso fueron varios, y, casi todos, liderados por el fallecido militar Lino Oviedo, quien, si bien tuvo un papel importante durante la jornada del golpe de Estado, posteriormente buscó varias veces retrotraer el proceso y volver a una dictadura.
Afortunadamente para el país, todas las intentonas encontraron férreas resistencias de quienes apostaban por la democracia. El primero al que Oviedo intentó convencer de cortar el proceso fue el mismo Andrés Rodríguez, quien había encabezado el golpe a su consuegro. Pero su respuesta fue contundente, entregaría la Presidencia de la República a quien ganara las elecciones de 1993.
Posteriormente, la decisiva actitud de las Fuerzas Armadas tiró por la borda cualquier intento golpista que fue surgiendo por el camino, ya que los militares apostaron por la institucionalidad.
Con una nueva Constitución Nacional, sancionada en 1992, y luego de 37 años, es notoria la consolidación de las libertades públicas, aunque la gran deuda pendiente de los sucesivos gobiernos sigue siendo la política social, que disminuya la franja de pobreza y eleve la calidad de los servicios de salud, educación y seguridad.
Fuente: ADN



